Otro cielo

Este soy yo: Un personaje singular de escasa estatura, usuario de la tez morena con cinco canutos en forma de dedo en cada mano y diez más en los pies. Un procrastinador compulsivo con tendencias creadoras, fácil comenzar de proyectos pero pocos puntos finales.

Cuando una idea vuela, es imposible alcanzarla sin dedicarle atención. Por muy vana que sea o por poca utilidad que tenga, para impedir que pulule con libertad por la mente hay que sentarse frente a ella y emplear una cantidad de tiempo en despacharla.

Es entonces cuando las escribo aquí. Desde ese momento ya no son ideas, proyectos, cavilaciones o pensamientos. Ocupan otro cielo, vuelan de otra forma. Son joseminolas fugaces.

La supremacía del abrazo


Me presento, nobles, burgueses, clero y plebe, aquí acostado ante la red social, vestido como no iría por la calle. 4.30 de la madrugada. Despeinado, abrazado al colchón y sin más luz que la que emite la pantalla de mi ordenador, para defender, de forma clara y absoluta la supremacía del abrazo.

El abrazo es un acto absoluto que no entiende de medias tintas. Es el más tierno o el más rastrero de los gestos que pueden tener con una persona. Ningún beso en la mejilla será nunca más dulce que un abrazo de cariño ni más falso que el abrazo de un traidor.
Por supuesto, en la variedad está el gusto, y en los abrazos no nos faltan formas. Tenemos el abrazo-palmada de los colegas, que perfectamente sustituye o complementa cualquier apretón de manos, el abrazo cariñoso de los amigos, sencillamente imprescindible, el abrazo apasionado de los amantes, que garantiza, aún en público, un mayor contacto y roce con la ropa puesta y en posición vertical de lo que dará nunca ningún beso en la boca, aunque éstos, y no al revés, pueden resultar un perfecto complemento para esta modalidad.

Los abrazos son cálidos como ningún beso y levantan el ánimo como ninguna madre. Si se encuentran deprimidos es lo primero que buscarán antes de zamparse la tableta de chocolate o ponerse a hacer un bizcocho.  Cada persona tendrá su manera de aliviar penas, pero el abrazo siempre será universal.

Es la mejor forma de demostrarle a alguien que se alegran de verle, que un revolcón les ha gustado, que se encuentran mal, que están alegres, que les apetece otro, que se encuentran bien. Lo pueden hacer con la almohada o con un peluche, que va a seguir haciendo que se sientan mejor.

Me gusta abrazar al saludar. Me gusta abrazar para despedirme. Es algo muy personal y coincido en que no es posible hacerlo con todo el mundo, pero después del primero, el resto son mucho más fáciles. Siempre resultará más sencillo conocer realmente a una persona si la han abrazado antes.

Quisiera que pensaran en las personas que son importantes para ustedes. ¿Han abrazado a todas ellas? Sigan haciéndolo si la respuesta es sí. Si es no, pregúntense por qué. Les invito a dar el paso.

Para terminar, solo resta despedirme. ¿Qué mejor forma de hacerlo?
Simplemente: Un abrazo;

Josemi.

Querida musa

Querida musa:
Antes de escribir lo que he venido a escribir quisiera decirte que aunque todavía no tengas cara ni cuerpo para mí, he podido llegar a conocerte: Eres caprichosa, inoportuna y avariciosa. Apareces sin avisar, en los momentos más precarios, reclamando toda mi atención sin siquiera concebir que yo pueda tener algo importante que hacer. Sé que sabes que esto no es un reproche; nada será
nunca más importante que tu compañía. Tú sacas siempre lo mejor de mí, y jamás dejaré de escucharte, no importa cuándo decidas hablarme. No dejes de visitarme.

Siempre tuyo;

Josemi

“Me hablas en susurros, minutos previos al sueño, me dices que no es momento de dormir y me pides que te saque a bailar de la forma en que sólo yo te hago bailar. Lo acepto, porque eres la única con la que quiero bailar de la forma en que lo hago contigo.”