Me presento, nobles, burgueses, clero y plebe, aquí acostado
ante la red social, vestido como no iría por la calle. 4.30 de
la madrugada. Despeinado, abrazado al colchón y sin más luz que la que emite la
pantalla de mi ordenador, para defender, de forma clara y absoluta la supremacía
del abrazo.
El abrazo es un acto absoluto que no entiende de medias
tintas. Es el más tierno o el más rastrero de los gestos que pueden tener con
una persona. Ningún beso en la mejilla será nunca más dulce que un abrazo de
cariño ni más falso que el abrazo de un traidor.
Por supuesto, en la variedad está el gusto, y en los abrazos
no nos faltan formas. Tenemos el abrazo-palmada de los colegas, que
perfectamente sustituye o complementa cualquier apretón de manos, el abrazo
cariñoso de los amigos, sencillamente imprescindible, el abrazo apasionado de
los amantes, que garantiza, aún en público, un mayor contacto y roce con la
ropa puesta y en posición vertical de lo que dará nunca ningún beso en la boca,
aunque éstos, y no al revés, pueden resultar un perfecto complemento para esta
modalidad.
Los abrazos son cálidos como ningún beso y levantan el ánimo
como ninguna madre. Si se encuentran deprimidos es lo primero que buscarán
antes de zamparse la tableta de chocolate o ponerse a hacer un bizcocho. Cada persona tendrá su manera de aliviar
penas, pero el abrazo siempre será universal.
Es la mejor forma de demostrarle a alguien que se alegran de
verle, que un revolcón les ha gustado, que se encuentran mal, que están alegres,
que les apetece otro, que se encuentran bien. Lo pueden hacer con la almohada o
con un peluche, que va a seguir haciendo que se sientan mejor.
Me gusta abrazar al saludar. Me gusta abrazar para
despedirme. Es algo muy personal y coincido en que no es posible hacerlo con
todo el mundo, pero después del primero, el resto son mucho más fáciles.
Siempre resultará más sencillo conocer realmente a una persona si la han
abrazado antes.
Quisiera que pensaran en las personas que son importantes
para ustedes. ¿Han abrazado a todas ellas? Sigan haciéndolo si la respuesta es
sí. Si es no, pregúntense por qué. Les invito a dar el paso.
Para terminar, solo resta despedirme. ¿Qué mejor forma de
hacerlo?
Simplemente: Un abrazo;
Josemi.